Whereabout F

Let him now come down from the cross

There exists a cast of mind — not always consciously theological — which interprets every manifestation of ill fortune, poverty above all, as an unmistakable sign of where each person is fated to stand within God’s plan.

The loser, then, is not merely a loser in some hidden, temporary sense, confined to this vale of tears, but in a transcendent one. He stands plainly revealed as one of the non-elect: eternally rejected, forsaken, condemned by a God who thereby discloses His design in advance, inviting us to act accordingly.

If he does not deserve what is happening to him, then let him now come down from the cross.

Existe una mentalidad, no siempre conscientemente teológica, que interpreta cualquier manifestación de mala ventura, especialmente la pobreza, como una señal inequívoca de dónde está fatalmente situado cada uno dentro del plan de Dios.

El perdedor lo es, entonces, no solo de forma incógnita, pasajera y circunscrita al valle de lágrimas, sino de forma trascendente: está señalado con toda claridad como no-elegido, eternamente descartado, abandonado, condenado por un Dios que nos revela así, anticipadamente, su plan, invitándonos a obrar en consecuencia.

Si no merece eso que le ocurre, entonces que baje ahora de la cruz.